Honoré Daumier nació el año 1808 en la ciudad de Marsella, pero siendo niño debió trasladarse a París junto con su familia. En París, muy joven trabajo como ujier en un tribunal de justicia y cadete en una librería, luego se dedicó a estudiar pintura y dibujo. De este modo dio inicio a su carrera de artista realizando trabajos en xilografía y la ilustración de anuncios publicitarios en los que se nota el influjo de Charlet.
En 1828 comenzó sus primeras litografías para el diario La Silhouette (La Silueta). En 1830 inició su labor en la revista humorística La Caricature en donde adquirió merecido renombre por sus grabados y dibujos llenos de sátira y crítica social (incluyendo escenas domésticas). En 1832 comenzó a trabajar en Le Charivari, periódico humorístico-político dirigido por Charles Philipon particularmente crítico al gobierno de Luis Felipe I de Orleans, allí tuvo como compañeros a otros señalados caricaturistas:Raffet, Devéria y Grandville. Daumier precisamente por haber realizado una caricatura en la cual ese monarca aparecía retratado como Gargantúa (el glotón personaje de Rabelais), sufrió una prisión de seis meses.
En 1835 debido a la instalación de la censura en Francia, Daumier evitó la caricatura política directa y en su lugar se dedicó a ridiculizar las convenciones y costumbres entonces imperantes.
Retornó a la sátira política con la Revolución de 1848. A partir de ese mismo año 1848 se apasionó por la pintura, teniendo entonces un estilo muy influido por Delacroix, Corot, Millet, Rousseau y -en sus últimas obras- por Fragonard (Estudio del pintor) y los impresionistas (por ejemplo: La lavandera). A medida que fue perdiendo vista, tuvo que dejar la litografía y centrarse en la pintura, que abordaba con una técnica directa y apenas retocada.

También son muy valoradas sus esculturas y bustos de yeso (escayola) y bronce que realizaba principalmente para que le sirvieran de modelos al realizar sus ilustraciones.

Sus grabados se destacan por la mordacidad descarnada y sin embargo de matices exquisitos y líneas nada exentas de sutileza, al trabajar sarcásticamente los rostros, las expresiones, los gestos, con precisas exageraciones logra dar noción de la personalidad de los sujetos representados. Es interesante notar en sus litografías el sabio uso de las combinaciones cromáticas para lograr sus cometidos de expresar situaciones emotivas en un ámbito social (existe aquí un influjo -morigerado- desde la obra de Goya); sus litografías tienen una calidad muy próxima a la pintura, en cuanto a su menos conocida pintura, se caracteriza por un patetismo logrado con masas oscuras y contrastes de colores fríos y cálidos, es así que si en sus últimos tiempos Daumier recibió influjos de los impresionistas, él previamente había ya influido en ellos, pero no queda en esto la gravitación de Daumier, también ha influido sobre los expresionistas, por ejemplo en Nolde, Ernst Barlach y Ensor.

Los emigrantes es un cuadro del pintor realista francés Honoré Daumier. Data del periodo 1852-1855 y se trata de un óleo sobre madera de pequeñas dimensiones: 16,2 cm. de alto por 28,7 cm. de ancho. Se conserva en el Petit Palais de París, Francia. A este cuadro también se le conoce como Los fugitivos.

 

Los emigrantes o fugitivos

Después de la revolución obrera de junio de 1848, el gobierno de Luis Felipe reaccionó con una fuerte represión, con penas de muerte, miles de encarcelamientos y deportaciones a Argelia. Tales acontecimientos inspiraron a Daumier este cuadro, además de una serie de óleos, litografías y un relieve titulados Los emigrantes, Los fugitivos y Los detenidos .

Daumier consigue transmitir desesperación y angustia a través de esta sencilla composición en diagonal, de tonalidades amarillas y marrones. Con gruesas líneas negras traza algunos contornos. Un paisaje de dunas es atravesado por una columna de figuras trazadas de forma esquemática, encorvadas . El claroscuro intensifica el dramatismo de la escena.

En 1860 pinta el melodrama es un cuadro del pintor realista francés Honoré Daumier. Daumier, gran aficionado al teatro, es considerado el primer pintor que reflejó este espectáculo en pintura, antes que Toulouse-Lautrec y Degas. En esta obra pretende reflejar, más que la escena que se desarrolla sobre el escenario, la reacción del público horrorizado, tenso, incapaz de distinguir la realidad de la ficción[1] .

Por un lado está la escena de la obra teatral, en la que un asesino señala a un muerto a una mujer, vestida de blanco y que se mesa los cabellos. Está fuertemente iluminada por las candilejas, en un intenso claroscuro. Contrasta con la masa compacta que forma el público en el patio de butacas, en las que aparecen algunas siluetas perfiladas y se destacan algunos rostros mediante una luz fantasmagórica[1] .

En 1865 conociendo la grave situación económica por la cual pasaban Daumier y su esposa, su amigo el escultor Geoffroy Dechaume les convenció para que fueran a vivir a Valmondois (en Val d'Oise) donde su otro amigo, Corot, les prestó una pequeña casa en el centro del pueblo; allí falleció Daumier.

 

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